Cuentos del ayer - LikeaPoem.com

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Poem

Cuentos del ayer

En un reverdeciente y muy grato amanecer,

cuando el día parecía iba a ser tranquilo.

En un momento en que nubes no había

y el sol brillaba tempranero cual mediodía.

Los pájaros trinaban propias melodías,

y las iguanas dormidas bañaban sus espaldas.

Se notaba un silencio natural urbano

donde los ruidos únicos escuchados

eran del aletear de brillantes mariposas,

del brotar cotidiano de múltiples hojas,

del crujir y de los chasquidos de hormigas

que al morder un palo o una seca hoja

rompían ese inusual silencio humano.

El día era hermoso y sobre todo prometedor.

De repente una mujer rompió el silencio,

sus miedosos gritos eran aterradores.

Algo muy extraño la estaba consumiendo.

Pedía clemencia, y ayuda iba exigiendo.

Mientras esto sucedía, girando la vista a un lado,

Y como si se tratase de otro plano distinto.

Una mujer que sólo respiraba y absorta estaba,

en todo aquella simpleza que no destacaba,

despertó de su trance y se apartó de su meditación,

pues sin querer, un noble corazón la empujaba

y así, ofreció su ayuda con sincera determinación.

actuó preguntando. Qué le ocurre estimada señora

que la veo temblando con mucho miedo y dolor.

Pareciera ser que ha visto pasar al diablo,

o quizás, que de todos mis temores, lo suyo sea peor.

Ay, señora quiero morir. Se me ha perdido mi hijo pequeño,

Y ya veo que sin él, mi vida ya no puede tener sueños.

Se alejó de mí en un imperdonable descuido,

y he aquí que me tiene temerosa y llena de frío.

¿Y cómo es él señora? Usted, cómo lo detalla.

Es bello, tiene cuatro años pero parece de diez.

Es inteligente, amoroso, dulce, muy querido.

Es un ángel, sus ojos parecen del color del cielo,

su cabello emula enormes siembras de espigas

su píes cual sus manos son perfectas,

su boca es amorosa, dulce, musical,

su andar ligero, volátil, lleno de gracia.

Mírelo allí está, gracias a Dios lo encontré.

Pero señora, en nada se parece a él,

no será que por su dolor, a éste usted lo confunde.

Pues su pelo es oscuro, es casi azabache,

sus ojos no son como el azul del cielo,

éste los tiene más negros que mi alma,

y en lo demás, su descriptiva no se le adapta.

Estoy por demás segura que hay un error.

No estamos hablando de la misma persona,

no, no puede ser él, o de ser, yo no soy yo.

Si señora, él es mi hijo, y como le dije, así lo veo yo.

samuel akinin


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