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¿Sabías una cosa?
Le perdió el miedo a eso. Eso que, de lejos, le hacía señas.
Está tranquilo y confía. Si se tropieza, ya no le importa.
Las nubes se abrieron y la vio irse, como un avión a lo lejos, convirtiéndose en la cuarta María. Pero hoy, ella se le aparece en otro cuerpo, con el mismo espíritu, para besarlo antes de dormir y calmarle las inquietudes. ¿Serás vos? Sé que sos vos.
Porque a su lado el frío ya no se siente, el hambre ya no se siente. Tanto caminó que, al llegar, estabas ahí: esa sonrisa, tus ojos achinados. Mirá cómo salió el sol, ese que tanto se le venía ocultando.
El barrio, los vecinos, historias de niño escritas en paredes llenas de humedad. La sombría pasarela, las calles de tierra mojadas por el rocío y las cloacas. Y en la esquina, un hombre parado, viendo cómo el tiempo se dobla para cruzar sus vidas. Él siente que siempre estuviste ahí.
Mirá cómo corre, mirá su juventud. Espera el colectivo. Mirá cómo duerme, cómo llora, mirá el humo del cigarro disipándose en el umbral de una noche de invierno. Mirá cómo festejan, cómo se besan... están construyendo algo hermoso.
Ella tose, él no duerme. Ella lee, él espera. Él no comió, mira una vidriera sin comprar... pero ya no importa. Veintidós años caminó.
Veintidós años no son nada.
Y llegó al lugar donde nació. O tal vez,al lugar donde volvió a nacer.
Cuando cese el ruido y se apaguen los
reflectores y vea con otros ojos
Me daré cuenta finalmente
Que nada de "aquí" era cierto
o completamente real...
pero no tendré miedo
Y justo allí, en el silencio de la noche
Comprenderé que nunca fui yo
totalmente...siempre estuve aprendiendo a ser...
Cuando cese el ruido finalmente podré
escuchar Su voz claramente
Fuerte, no como un suave susurro
Y me daré cuenta que no fue
necesario el saber ni el entender...
Cuando cese el ruido de mis latidos
Y sienta la ingravidez en mis pies
Finalmente habré comprendido
Que llegó el momento de volver...
Tuhma Kani
Mi poesía no es como el agua carbonatada,
que es simplemente agua purificada
a la cual se le han inyectado burbujas de gas,
para mejorar su sabor.
Pero al final es agua que no aporta nada,
es como agua deshidratada,
cuya efervescencia solo te da placer
y más ganas de beber.
Mi poesía es como agua mineral,
agua viva y subterránea que brota de un manantial,
rica en minerales y en oligoelementos,
que puede no saber bien ni tener un olor perfecto,
pero que su fundamento es hidratar y quitar la sed,
mi poesía es cómo un alimento
que además de nutrir tu intelecto,
quieres volver a leer...
"Te amo" no son las palabras que necesito escucharte decir. Prefiero poderlo sentir... En cambio...todo lo que tienes que hacer es, estar allí, extender tus brazos hacia mi, abrazarme intensamente y ya no dejarme ir. Así, no tendrás que volver a decir: Te amo.
Tuhma Kani
Anoche mientras dormía, soñé que te recordaba
En mi sueño eras un recuerdo de algo…aún no vivido…
No recuerdo si estaba yo enfermo, me vi en tus brazos metido,
Soñé que tú estabas conmigo, soñé que tú me cuidabas…
No pude ver muy bien tu rostro, la noche se había cerrado
sólo pude ver tus gafas y tu cabello dorado.
Anoche mientras dormía, soñé que te recordaba
Tú acariciabas mi rostro, yo el rostro tuyo observaba
Y un muy fuerte sentimiento en mi interior se albergaba
Me encontraba muy contento de sentir que tú me amabas
Que aún estando despierto podía sentirte a mi lado
Es mi recuerdo de un tiempo futuro que aún no ha llegado
Anoche mientras dormía, soñé que te había encontrado
En un lugar algo ignoto, un lugar por mi insospechado
En un sitio…remoto donde nunca antes yo había estado
Y que juntos fuimos al sitio que tengo predestinado
Y allí permanecimos juntos, tu conmigo y yo a tu lado
Es todo lo que recuerdo, de algo que aún no ha pasado…
Anoche mientras dormía…te vi y creí que soñaba!
Tuhma Kani
¡Era mi lugar feliz! Era como un pequeño cerro aislado en medio de una pradera o una loma que sobresalía en medio de un potrero de la finca “Torcoroma” de mi abuela materna, desde dónde podía otear los alrededores. Allí subía para observar a las garzas volando al atardecer, ver al ganado pastando libremente o sentir el aroma de la lluvia al caer.
Tenía una bonita forma, como la de un seno posado sobre la tierra, con un lado menos empinado para subir caminando o corriendo, casi redondo en su forma o algo cónico tal vez...estaba situado justo al lado de un arroyo de agua fresca y cristalina, llamado “el corazón del tigre”, a la sombra de un gigantesco árbol de caracolí...
Algunas personas decían que ese montículo era un "pirú" que es el término popular utilizado en mi país para referirse a una construcción funeraria que diversas culturas precolombinas realizaban para honrar a sus muertos, pero nunca estuvimos seguros de ello, ni permitimos que los guaqueros lo "revisaran".
Subía a su cima para estar en soledad o para encontrar la calma, para acostarme en la grama y mirar al cielo, aunque se me llenara el cuerpo de hormigas arrieras...Era como si un vórtice de energía se concentrara en ese lugar, la percibía, se podía experimentar allí una sensación de bienestar, de paz, de tranquilidad...
Solía ir a ese lugar desde niño y también después cuando me hice adulto. Hace mucho tiempo que no voy al otero, pues la última vez que fui, todo era un poco distinto, había una casa en su ladera, y una cerca de púas dividía su cima…pero lo recuerdo como era al escuchar la canción de J. L. Perales "quiero ser agua fresca".
Ahora, en mi nuevo lugar feliz, en vez de un sólo cerro aislado, ahora hay dos pequeñas elevaciones a las cuales suelo subir, cuando quiero estar en paz y escuchar tu corazón latir.
Tuhma Kani










