Tu mi soledad - LikeaPoem.com
Tu mi soledad
Mi juicio necesita condena... pues durante todo este tiempo, sentado yo al borde de un abismo aun mayor y profundo que la desdicha del amor; pude observarla pasar a mi lado como distrayendo el aire con su pesada conciencia que la guiaba. Pronto se sentó en su propia ausencia. Lloró solo para mí; sola ante mí y frente al mundo que ya no la veía... Giraba en su entorno la muchedumbre siniestra que lastima y espanta; la mugre de las más limpias ciudades que confunden y contagian. Pero su aire benévolo la hacia diferente; de cuerpo estrecho y finamente alargado por sus cabellos y casi distraída por la suave transparencia de su alma. Simulando, yo tampoco lo sabia, y si indago más, diré que cautivó mi triste armonía de aquel instante en el que ningún pensamiento cercano a la vida me llevaba directo al cielo. Fue entonces cuando me estremecí al sentir su mirada profunda como la muerte. La seguí con los ojos, pura delicia transparente, el mundo no era mas grande que su espíritu, y ni en vano los segundos que pasaron hasta su pose bajo aquel árbol hicieron que me pierda yo, tan pequeño, entre sus brazos. Logré distinguir su manera de sentarse y su fatal caída, como un alma que vuela esperanzadora y busca y sueña y palpita y llega a su ocaso final. Allí, bajo un gran árbol de inmensa belleza pero que no da frutos, exploraba aquella soledad personificada; la espera inagotable y femenina de un cuerpo que se desdobla y canta; canta para mí, porque ella también reconoce la apariencia de la soledad. Y me escruta y domina el silencio y me pregunta de lejos: "¿qué muerte somos...?" y yo paralizado frente al tiempo que va y viene detengo aquella pregunta y me miro y me pertenezco y me sucedo y continúo hallando en mi la respuesta que no encuentro y que quizá no tenga respuesta yo nunca que darle a la intima y hasta la mas remota parte de su soledad. Pues la miro y me parece estar mirando nuestra infortuna de encontrarnos y no tocarnos, de esperar tanto tiempo y no llegar siquiera a sentir real la presencia o si estamos equivocados; de desaparecer cada uno en su propio naufragio y bautizar las lagrimas sobre nuestros ojos.
*dedicado a la otra soledad que vi en la plaza y me hizo sentir menos solo*
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