Un soneto no miente en la mente,
quisiera el alma no estar en vilo,
para ver tu rostro nuevamente
y así poder tocarte en sigilo.
Tus ojos la vida verán otro día,
desde un caleidoscopio maravilloso,
poder juntar tus manos con las mías,
bajo un atardecer celoso.
Mi piel busca, tu cuerpo sin olvidó,
el calor de tus manos y el sentido,
para así nunca terminar en vida;
ese lugar de donde nunca me he ido,
sin tus labios, mi mente queda ida
y mi corazón perdido.